La manera como los arquitectos pensamos y diseñamos un proyecto termina siendo un proceso complejo. Al concebir una idea, basada en los requerimientos de un proyecto arquitectónico, nuestro cerebro empieza a realizar conexiones que no obedecen a un proceso lineal. Pensamos en imágenes, formas, luces y sombras... y luego, pareciera llegar de manera relámpago, el análisis de la estructura, la configuración de los espacios de acuerdo a su función... Y nuevamente podemos regresar a la imagen sin que eso implique en ningún momento alguna ruptura del proceso creativo. Pero, ¿qué pasa cuando queremos expresar una idea?
Boceto realizado por el Arq. Carlos Raúl Villanueva para la casa Caoma.
Existe un lenguaje gráfico para comunicarnos con otras personas que debemos manejar para comunicar esas ideas complejas en 3 o más dimensiones, que estamos imaginando.
Nuevamente Villanueva explicando el espacio interno de Casa Caoma.
Pero ¿hace falta gran rigurosidad realista para explicar una idea? la imagen que sigue a continuación, de la Iglesia la Asunción, creo que alcanza a responder esta pregunta.
En un primer estudio bastará con unas líneas sencillas que alcancen a explicar la idea, a nuestros compañeros de trabajo o a nuestro cliente. Por lo tanto es importante identificar esas características formales que podemos definir por medio de una línea y que le dan identidad al proyecto, que expresan su concepto y la manera como el arquitecto lo concibe.